sábado, 26 de noviembre de 2016

Utopía

Llegará el día en que la gente celebrará la vida de quienes en vida fueron humildes y sencillos. La naciones brindarán honores a los líderes austeros y efímeros, que dejen como su legado escuelas, hospitales, y carreteras sin que ninguna de esas obras lleven sus nombres.

En la era del futuro, los gobernantes no serán adulados con estatuas ni con afiches gigantescos que le hacen sombra al ciudadano que camina por la calle. Los héroes no serán los que vistan uniformes militares, sino los maestros, los emprendedores y quienes con su ingenio hayan eliminado la pobreza, las guerras o las enfermedades.

Desaparecerán los militantes y fanáticos para darle protagonismo al ciudadano. Sólo así nacerá de verdad el “hombre nuevo”.

La juventud del mañana no gritará consignas aduladoras en las plazas ni sentirá que le debe su presente y su futuro a ningún político, porque tendrá un amor propio y una confianza más grande en su propio esfuerzo que la de anteriores generaciones.

En la noche del pasado quedarán sepultadas bajo el polvo de la historia, las viejas idolatrías. Ese día será de día. Ese día sí seremos libres.

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