jueves, 26 de septiembre de 2019

Urge iniciar la reconstrucción de nuestra Nicaragua

Ortega es un peligro para el país, especialmente para los más pobres y vulnerables. Los Ortega son los que tienen sancionado al país. El régimen es un peligro para el país, especialmente para los más pobres y vulnerables. Cada día que pasa con los Ortega-Murillo afincados en el poder, es un día de más desempleo, fuga de capitales, cierre de negocios, y oportunidades perdidas para el desarrollo social de la nación. Así se lo hemos hecho saber a organismos financieros internacionales, que están muy preocupados por el aumento de la pobreza en Nicaragua. El régimen es el principal responsable de la debacle económica que está sufriendo la ciudadanía.

La comunidad internacional y sectores financieros globales, están claros de que el régimen de Ortega es factor de inestabilidad y que ahuyentan la inversión de calidad que tanto necesitamos. Consideramos urgente empezar a trabajar en frenar el desastre económico que está lastimando la mesa de los hogares nicaragüenses. Existe mucha claridad de los pasos que se deben tomar para una rápida reactivación de la economía, pero el primer paso es encontrar una ruta cívica y pacífica hacia la democracia.

El alargamiento de la crisis ya ha causado más de 450 mil personas desempleadas; más de 200 mil nuevos pobres y el 30% de la población nicaragüense en serias dificultades para satisfacer sus necesidades mínimas de consumo. La actual tasa de pobreza es cercana al 30%. ¡Esos son datos que chorrean sangre! Mientras tanto, el régimen invierte más de US$300 mil dólares diarios en salarios para el aparato represivo de la Policía.

Para finalizar, les quiero asegurar de que hay mucha gente alrededor del mundo que quiere a Nicaragua y que deseen ayudar a la rápida recuperación económica del país. Difícilmente veremos inversión que genere empleos de calidad, con un régimen plagado de tanta corrupción.

¡Urge iniciar la reconstrucción de nuestra Nicaragua!

lunes, 16 de septiembre de 2019

Return with my head held high.


Yesterday I publicly announced my decision to return to Nicaragua on the afternoon of September the 16th. This announcement is in line with the position that I have maintained since the beginning of my forced exile. I have always stated that I would only temporarily remain out of the country while I continued my battle for democracy and human rights on the international front.


I have done everything within my power to make the world aware of what is happening inside of Nicaragua so that the international community can apply continued pressure for a peaceful transition towards democracy. It has been an arduous team effort alongside many other people. To all of them, I express my gratitude.


I firmly believe that the time has come for me to return to the trenches within Nicaragua where I have been for over a decade before the Sandinista judicial system began their political persecution against me. I have made this decision after much prayer and self-reflection with the support of my family, and the conviction that no tyrant or dictatorship can rob me of my right to live and work for the country I love. Nicaragua is my homeland. As a Nicaraguan citizen I will exercise my constitutional right to come and go as I please.
I am fully aware that there are many risks associated with this decision, and that just as many Nicaraguans who cannot exercise their civil liberties freely, there are no guarantees for me either. With that being said, I feel that I have the moral obligation to insist that there are no conditions on the ground for a safe return of our exiled citizens. My decision is strictly personal and obeys my unbreakable faith and confidence in that I can count on the protection of god.


In July, citing the recently approved Amnesty Law, Judges loyal to the Ortega Regime archived hundreds of cases, one of which was mine. However, my conscience, which has always been clean determines my innocence, not a spurious amnesty law. I return to join the efforts of the National Unity Movement for the liberty of Nicaragua.
I return with my head held high.

As many of you will remember, last year; just like many members of the Nicaraguan opposition I was unjustly charged with baseless charges without any proof or evidence. As a result of these bogus charges a Judge from the 5th Criminal District Court of Managua issued an order for my arrest as well as an order to freeze my personal assets in the National Financial System. Additionally, the government initiated a fierce political persecution which included the raid, looting, and arbitrary cancellation of the legal status of the Institute for Strategic Studies & Public Policy (IEEPP, a think tank created in 2003).
God bless Nicaragua.

Mensaje a propósito de mi regreso a Nicaragua.

Ayer anuncié públicamente mi decisión de regresar a Nicaragua el día de hoy, 16 de septiembre en horas de la tarde. Ese anuncio es consecuente con la posición que mantuve desde el inicio de mi exilio forzado. Siempre dije que mi salida de Nicaragua sería temporal y con el único propósito de continuar mi lucha cívica y de derechos humanos, desde el frente internacional.

He hecho todo lo que ha estado a mi alcance para que el mundo sepa lo que está pasando en Nicaragua y para que la comunidad internacional ejerza presión para una transición pacífica hacia la democracia. Ha sido una labor ardua, y de equipo, junto a muchísimas personas. A todos ellos, mi gratitud.

Ahora siento que debo regresar a la trinchera de lucha cívica dentro de Nicaragua, como lo había venido haciendo por más de una década, antes de que el sistema judicial Sandinista iniciara una persecución política en mi contra. Es una decisión que he tomado acompañado de mucha oración y reflexión con mi familia,  guiado por el convencimiento de que ninguna tiranía me puede robar el derecho de vivir y trabajar por la nación que amo. Nicaragua es mi Patria. Como ciudadano nicaragüense que soy, voy a hacer uso de mi derecho constitucional a entrar y salir de mi país cuando lo estime conveniente.

Comprendo que esa decisión implica muchos riesgos. Al igual que los nicaragüenses que no pueden ejercer sus plenas libertades, yo tampoco tengo ninguna garantía. Me siento en la obligación moral de insistir en que aún no existen condiciones para el retorno seguro de los exiliados. Mi regreso obedece estrictamente a una decisión personal basada en  mi fe inquebrantable y confianza en que cuento con la protección de Dios.

Como algunos de ustedes recordarán, el año pasado—al igual que muchos otros nicaragüenses opositores de la dictadura—fui injustamente acusado de varios delitos, sin ninguna prueba ni fundamento. Esas acusaciones injuriosas provocaron una orden de captura emitida por el juez Quinto de Distrito Penal de Audiencias de Managua. Como resultado de esa orden de captura, el régimen ordenó el congelamiento de mis activos personales en el sistema financiero nacional. También se inició una feroz persecución política, allanamiento, robo de bienes y arbitraria cancelación de la personería jurídica del Instituto de Estudios Estratégicos y Políticas Públicas (IEEPP, un centro de investigación creado en el año 2003).

El mes de julio de este año, aduciendo la aprobación de una Ley de Amnistía, los jueces orteguistas archivaron cientos de causas penales, entre ellas la mía. Sin embargo, no es ninguna ley espuria de amnistía la que determina ni inocencia, sino mi conciencia, que siempre ha estado limpia. Regreso para sumarme a los esfuerzos de Unidad Nacional para la libertad de Nicaragua.

Voy a regresar con la frente en alto.

Dios bendiga a Nicaragua.

miércoles, 11 de septiembre de 2019

Informe de la Alta Comisionada: Un paso importante en la búsqueda de la Verdad


Las organizaciones de sociedad civil, que son instituciones defensoras de derechos humanos, hemos recibido con mucho agrado el contundente informe de la Alta Comisionada para los Derechos Humanos, Dra. Michelle Bachelet. Durante meses, varias de las organizaciones sin fines de lucro, que ilegítimamente fuimos despojadas de nuestras personerías jurídicas, hemos estado en cercano contacto con varias de las oficinas de Relatoría de la Derechos Humanos de la Alta Comisionada, para brindar evidencia incuestionable del trabajo transparente y apegado al derecho internacional que hemos realizado. 

A la par de ese trabajo técnico, la Alta Comisionada y los distintos relatores especiales han podido escuchar de viva voz de las víctimas directas y de sus familiares, las atrocidades cometidas por el régimen de los Ortega. Ningún informe técnico es más contundente que los testimonios humanos e íntimos de estudiantes, de campesinos, de defensores de derechos humanos y de familiares de personas asesinadas. Ese informe de la ONU es un primer gran paso para próximas acciones de presión internacional que tienen diplomáticamente arrinconada a la dictadura. 

Las reacciones del Sr. Valdrack Jaentschke son un acto desesperado por responder a una montaña de evidencias irrefutables sobre los crímenes de lesa humanidad cometidos por régimen del FSLN. En ese intento desesperado, cayendo en una actitud cínica, los asalariados de la dictadura repiten sus acusaciones contras la organizaciones de sociedad civil que simplemente hemos cumplido con nuestra labor en el marco de la constitución y las leyes. Esas declaraciones no fueron creíbles en el seno y más bien generaron una reacción de repudio en el seno del Consejo de Derechos Humanos. 

Los empleados del régimen actúan bajo la misma lógica que predicaba Gobbels, el famoso propagandista del Nazismo en Alemania: que una mentira repetida mil veces se convierte en verdad. Por eso repiten el estribillo de que algunas ONG financiamos y provocamos el golpe de estado. Pero esa versión gubernamental ya fue descartada completamente por la comunidad internacional, a través de informes bien claros de la CIDH y del Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI). Ambos informes dejan claro que en Nicaragua lo que hubo fue una serie de protestas populares espontaneas contra el régimen de Ortega, y que ese régimen actuó con fuerza extrema cometiendo así crímenes de Estado. Esa es la única verdad. Es además, es una verdad que se sustenta en la búsqueda de memoria y de justicia ante crímenes que no van a expiran. Las diversas organizaciones defensoras de DDHH que hemos estado entregada al proceso de denuncia y de búsqueda de justicia, no vamos a descansar nunca hasta ver materializado ese derecho a la verdad, a la memoria, a la justicia y a la reparación a todo el daño causado por Ortega y sus cómplices.  

lunes, 9 de septiembre de 2019

Hacia una Nueva Nicaragua: Reflexiones sobre la lucha cívica en medio del contexto actual de la represión

[Conferencia de Félix Maradiaga, Presidente de Fundación para la Libertad de Nicaragua, y miembro del Consejo Político de la Unidad Nacional Azul y Blanco. Universidad Francisco Marroquín, Ciudad de Guatemala, 25 de Agosto de 2019]

Es un honor estar en esta casa de estudios, que históricamente ha tenido un compromiso firme con las libertades y con los anhelos de una Centroamérica próspera. Agradezco que esta Universidad—a la que guardo especial cariño por la relación académica que por más de una década hemos tenido—por permitirme hacer un rápido recuento de la búsqueda de libertad del pueblo de Nicaragua. Esta búsqueda ha sido más incesante e intensa desde que el régimen de Daniel Ortega se enquistó en el poder.  A la vez, reitero mi gratitud a la Alianza Para Centroamérica y a la Fundación Friedrich Naumann por hacer parte del ciclo de exposiciones sobre la crisis de Nicaragua, que a lo largo de esta semana estaré llevando en Guatemala.

A manera de Introducción: Una Nueva Nicaragua está por nacer

En abril de 2018, se empezó a gestar en Centroamérica, una nueva Nicaragua. Esa nueva Nicaragua que está por nacer, aún tiene dolores de parto. Son los dolores de una nación marcada por una historia plagada de conflictos internos y de polarización política. A pesar de breves episodios de esperanza, mi país no logró completar la transición democrática ni una verdadera reconciliación nacional, después de finalizado el conflicto armado de los años ochenta.

Hoy Nicaragua está nuevamente ante una luz al final del túnel y espera resurgir en una nación renovada en justicia, democracia, y libertades que hasta ahora han estado frustradas. Como explicaré en los próximos minutos, este es el proceso más esperanzador en más de cuatro décadas, ya que no depende de partidos políticos y mucho menos de ningún caudillo de turno.

Espero poder comunicarles el extraordinario papel de diversos grupos ciudadanos, particularmente el de los estudiantes universitarios, el movimiento campesino y miles de hombres y mujeres “autoconvocados” por un mismo sentir, sin ningún color político. A este movimiento diverso de indignados se le ha llamado “Azul y Blanco” en honor a los colores de nuestras bandera nacional.

A la par de este maravilloso movimiento espontáneo de indignación nacional ante todo el sistema de poder en Nicaragua, es necesario también decir que la lucha por la democracia no inició en Abril de 2018. La dictadura de Daniel Ortega no nació el año pasado, pero tampoco existían en Nicaragua instituciones democráticas sólidas antes de su llegada al poder. Ese es el mensaje introductorio y de alerta con que quisiera abrir esta exposición, porque creo que es una dolorosa lección aprendida que tiene relevancia para todas las naciones de América. Es fundamental comprender que la construcción de la democracia nunca es un proceso completo, y cuando las instituciones se empiezan a deteriorar es posible marcar un punto de inicio de la descomposición, pero nadie sabe con certeza hasta dónde puede llegar ese retroceso. Es por esa razón que la defensa de la democracia y de la libertad debe ser, para las democracias jóvenes, una tarea permanente que no debe quedar en manos de los políticos.

Ciertamente, la transición democrática iniciada en 1990 fue incompleta. Hacer un recuento de los errores de las administraciones políticas que gobernaron Nicaragua durante los dieciséis años de esa transición sería un tema para una conferencia distinta. Además de un excesivo énfasis en la estabilidad macroeconómica y un descuido imperdonable en atender los problemas estructurales de exclusión social, esas administraciones también tuvieron enormes problemas de corrupción. No obstante, aún en medio de esas falencias descomunales, existía una conciencia del peligro que significaría otra dictadura. Los avances en el desarrollo de incipientes instituciones democráticas era obvio; como por ejemplo, en la despartidización del Ejército y de las fuerzas armadas, y en la búsqueda de procesos electorales transparentes, para citar algunos ejemplos.

Adicionalmente, en esos dieciséis años de transición, se hizo énfasis en el peligro de la reelección y en la urgencia de evitar la dolorosa repetición del ciclo de populismos y dictaduras, que a lo largo de 200 años a hecho a Nicaragua uno de los países más pobres del hemisferio occidental. Había quedado prohibida la reelección consecutiva, como un primer candado a uno de los principales males de la historia política de Nicaragua.

Antecedentes de la Dictadura: Pactos, Conformismo y Modelo Corporativista

Aún con la memoria fresca sobre los peligros de la dictadura, en Noviembre de 2006 el FSLN con Daniel Ortega como candidato, regresó al poder al manipular a su favor las reglas de la incipiente democracia. El ya conocido “Pacto” con el ex Presidente Arnoldo Alemán seis años antes, le permitió reformar las normas electorales e ir capturando importantes cuotas de poder en varias instituciones del Estado, especialmente en el Poder Judicial y en el Consejo Supremo Electoral. El Pacto del año 2000 fue el punto de partida para el retroceso democrático, pero los partidos que participaron de ese Pacto no fueron los únicos responsables. Las élites económicas de Nicaragua, en su cortoplacismo provincial, poco tiempo después también optaron por colocarse del lado errado de la historia.

Como algunos de ustedes recordarán, precisamente por las conferencias que ofrecí en esta misma Universidad hace algunos años , a Ortega le fue sorprendentemente fácil desmontar los tímidos avances institucionales como consecuencia de varios factores, especialmente el fenómeno que he llamado “Conformismo Democrático” acompañado de un “Pacto” con algunos grupos dominantes del Gran Capital nicaragüense.  Y esa es precisamente otra lección aprendida con sangre: Las promesas de crecimiento económico y de seguridad ciudadana, a lo largo del tiempo resultan vacías y hasta peligrosas si no van acompañadas de un sólido respeto al Estado de Derecho y a los Derechos Humanos.

No es casualidad que en el movimiento auto-convocado exista un fuerte rechazo al modelo de “Capitalismo entre compadres” también llamado “Capitalismo clientelista” o amiguista. El ciudadano de a pie en Nicaragua, aprendió de la forma más traumática posible que ese modelo—supuestamente capitalista, pero en realidad basado en la íntima relación entre empresarios con privilegios y el régimen político de turno—tiene su cuota de responsabilidad en el enquistamiento de Daniel Ortega en el poder. De poco sirvieron las voces de alerta que muy temprano empezaron a advertir los peligros de un modelo corporativista que muchos grupos de interés económico bautizaron con el atractivo nombre de “Modelo de Diálogo y Consenso.”

A partir de ese aprendizaje, surge también la conciencia que la lucha actual en Nicaragua no es entre izquierdas y derechas. Tampoco es una lucha entre capitalismo y socialismo. Quienes integramos el movimiento de auto-convocados surgido espontáneamente en Abril, creemos que no nos acomodan las categorías de izquierda y derecha, puesto que ambas son herencias del siglo pasado, y sus extremos destruyen la libertad de distintas maneras, pero con resultados parecidos. Las verdaderas diferencias políticas en Nicaragua, se dan en el ámbito de la ética, los derechos humanos y la defensa de la libertad frente a la dictadura.

Por ello, el modelo de nación que desde la resistencia ciudadana estamos construyendo tiene como piedra angular, el pleno respeto a los derechos humanos. La dolorosa experiencia de Nicaragua, nos recuerda que es una falacia pensar en modelos de desarrollo económico y social que no estén íntimamente ligados al respeto de las libertades y la justicia.

Tampoco debe cometerse el error de pensar que la fuerte crítica al capitalismo clientelista de parte de las diversas expresiones del movimiento auto-convocado, es un ataque al sector privado nicaragüense. Es justo señalar que durante la primera fase de la dictadura Sandinista en los años ochenta, la iniciativa privada agrupada alrededor del Consejo Superior de la Empresa Privada (COSEP), se puso del lado correcto de la historia. ¿Cómo olvidar el martirio del dirigente empresarial Jorge Salazar, asesinado por el FSLN el 17 de noviembre de 1980?

La abrumadora mayoría del sector privado Nicaragüense es contrario al FSLN y ha sido víctima de políticas populistas que en Nicaragua han creado desincentivos para la innovación, el emprendimiento y la generación de empleos de calidad. El sector privado de mi país, conoce bien la perversidad del socialismo y ha sufrido robos y expropiaciones en su historia reciente. En ese sentido, las organizaciones agrupadas bajo la Unidad Nacional Azul y Blanco (UNAB) creemos en la importancia fundamental de la libertad de empresa para la reducción de la pobreza a través de la generación de empleos. Creemos en la importancia de la libertad económica, de la mano de la responsabilidad social. Paradójicamente, el modelo corporativista que implantó el FSLN en alianza con algunos grupos económicos clientelistas, es precisamente contrario a los principios de la libre empresa. Entre los sectores más afectados por ese modelo están los empresarios pequeños y medianos que no tienen acceso al poder político de turno, lo que de forma directa afecta a toda la población al restarle competitividad a la economía.

A las organizaciones de sociedad civil que incesantemente denunciamos la perversidad de ese modelo, se nos acusó de aguafiestas del crecimiento económico y hasta de conflictivos. Muchos no nos quisieron escuchar porque estaban demasiado ocupados haciendo jugosos negocios con la Venezuela Chavista. Otros simplemente nos acusaron de alarmistas.

Debo decir con claridad que el sector privado nicaragüense organizado en diversas cámaras y asociaciones empresariales, hoy está nuevamente del lado correcto de la historia. Los grupos económicos que antes de Abril de 2018 eran parte del modelo de “Diálogo y Consenso” al fin han roto su Pacto con el régimen de Daniel Ortega. Esa ruptura pudo lograrse mucho si hubiese existido una actitud más abierta para escuchar las voces de alerta de las organizaciones defensoras de derechos humanos. He aquí otra lección aprendida: El fortalecimiento de la democracia requiere de un diálogo más franco y más fluido entre sociedad civil organizada—particularmente el sector de derechos humanos, transparencia y anti-corrupción—y líderes empresariales. Ese diálogo se beneficiaría mucho de una actitud abierta de ambos lados, sin prejuicios y sin arrogancias.

Diálogo entre sectores para una sociedad libre y abierta

Ustedes, como ciudadanos y ciudadanas de este hermoso país, también conocen en carne propia los nefastos efectos que a lo largo de la historia han tenido aquellas formas de hacer política que están basadas en la idea errada de que un grupo o sector es dueño absoluto de la verdad. Esa noción de superioridad política, basada ya sea en la hegemonía económica o ideológica de grupos que desean imponerse sobre otras expresiones de la sociedad, ha degenerado en contextos de polarización, ausencia de proyectos de nación sostenibles y Estados invertebrados incapaces de ofrecer las oportunidades para que las personas alcancen su máximo potencial humano.

La sociedades cerradas que actúan sobre la base de clanes, de tribus o de islas, donde un sector cree tener el monopolio de la “visión de nación”, difícilmente pueden articular un proyecto de país que sea libre e incluyente. El diálogo sincero entre sectores es una base vital de las sociedades libres y abiertas, donde no hay lugar para los extremismos. 

Si repasamos la historia de Centroamérica nos daremos cuenta que ningún extremo ideológico (izquierdas o derechas) ha sido positivo para las mayorías de ciudadanos de nuestros países. Con el permiso de ustedes quiero insistir en ese punto. En Nicaragua, hemos tenido dictaduras de izquierda y de derecha. Ninguna ha sido mejor que la otra y cada una ha dejado un legado de sangre, de heridas abiertas y libertades violadas. Por esa razón, las nuevas generaciones de jóvenes, de estudiantes y de movimientos sociales que lideraron el levantamiento cívico de Abril de 2018, insisten con convicción en la urgencia de construir una ruta distinta a los caminos del pasado.

Patria Libre y Vivir: La Resistencia Cívica No-Violenta

Otro de los cambios generacionales fundamentales ha sido la renuncia mayoritaria a la idea de la violencia armada, tan frecuente en la historia de Nicaragua. La diferencia generacional no podría ser más obvia:

En 1979, hombres y mujeres jóvenes del país derrocaron una dictadura alzándose en armas, levantando la bandera política del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) bajo el grito de guerra ¡Patria Libre o Morir!.
En Abril de 2018, los jóvenes universitarios que salieron masivamente a las calles, lo hicieron sin armas, levantando nuestra bandera nacional Azul y Blanco y gritando “Patria Libre y Vivir”.

Quienes hemos participado activamente en el proceso de rebelión cívica en Nicaragua, apostamos por una transición democrática basada en los principios de la no-violencia y desobediencia civil. Ese esfuerzo no es fácil en un país que ha estado dominado por el lenguaje político de la violencia. En ese sentido, entendimos que la lucha no-violenta no es una lucha sin armas, sino que se usan otro tipo de instrumentos que no son armas de fuego:

La protesta ciudadana en sus diversas formas de manifestación cívica ha sido la manera más eficaz de debilitar al régimen de la familia Ortega.
Nos hemos acuerpado del uso de las redes sociales como nuevos medios de organización ciudadana y de comunicación. De ahí que la extrema censura mediática del régimen de Daniel Ortega que le ha llevado a cerrar varios medios de comunicación y a asesinar y encarcelar periodistas, no le ha funcionado.
La ciudadanía desarrolló diversas formas de escudos improvisados para protegerse de las violentas arremetidas armadas de los paramilitares y policías del régimen.
También comprendimos que el modelo de partidos políticos tradicionales está agotado en Nicaragua. En ese sentido, en medio de grandes dificultades, se ha logrado constituir la Unidad Nacional Azul y Blanco, que es la más amplia concertación de diversas expresiones ciudadanas hasta la fecha.
Otro instrumento cívico fundamental ha sido la desobediencia civil, desde los paros nacionales hasta otras formas de no colaboración, como boicots a empresas vinculadas al régimen de los Ortega, y paros de consumo.
Otro de los frentes esenciales de lucha ha sido la incidencia internacional a través de  los mecanismos del derecho internacional, con el objetivo es generar la máxima presión al régimen de Daniel Ortega y así lograr una ruta de transición hacia la democracia.

Incidencia internacional: Otro frente de la lucha cívica

Sobre este tema de la incidencia internacional, quisiera insistir en que la presión internacional por sí sola no es ninguna bala de plata contra las dictaduras. Sin embargo, también creo que no es posible lograr la transición que anhelamos sin una colaboración y respaldo activo de la comunidad internacional. A su vez, la efectividad de la resistencia cívica no-violenta y los procesos de desobediencia civil sólo pueden ser verdaderamente efectivos en el largo plazo, si alcanzan un buen nivel de visibilidad internacional. Las dictaduras entienden muy bien eso y por eso dedican muchas energías a estar fuera del radar internacional. Ese fue el caso de régimen de Daniel Ortega, que por más de una década se benefició de cometer sus crímenes sin que la comunidad internacional prestara atención. Como parte de su guión, las dictaduras también dedican grandes recursos a imponer un cerco mediático que controla las noticias y que apunta a imponer su propio relato de los hechos. Es decir, a través de sus agentes diplomáticos pretenden construir una realidad paralela bajo la lógica gobeliana que “una mentira repetida mil veces, se convierte en verdad”.

Precisamente por ello, el primer paso en los esfuerzos de incidencia internacional, ha sido el de lograr que las más diversas expresiones de la comunidad internacional—organismos multilaterales, organizaciones internacionales de derechos humanos, países del hemisferio occidental y de otras partes del planeta—comprendan lo que en verdad está pasando en Nicaragua. La prioridad fue dar a conocer la salvaje y criminal respuesta del régimen de Daniel Ortega ante las protestas de Abril. Luego de muchos meses, en Nicaragua nada está normal y la represión ciudadana continúa.

Al inicio de la crisis de Abril, observamos con seria preocupación que la comunidad internacional no comprendía lo que sucedía en Nicaragua y cuál era la apuesta de la ciudadanía que salió a las calles. El relato oficial del régimen era y sigue siendo el de un “intento de golpe de Estado”. Con total descaro, el régimen niega los crímenes de Estado y más bien optó por despojar a nueve organizaciones de derechos humanos, de su personería jurídica. Con cinismo el régimen nos ha acusado de haber financiado una sublevación violenta contra el gobierno. Hasta ahora no han podido mostrar una sola prueba creíble de semejante calumnia. Por el contrario, todos los informes internacionales más rigurosos, como son el reporte del Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI) y los informes de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, concluyeron que en Nicaragua no hubo tal “intento de golpe de Estado” y que más bien hubo crímenes de lesa humanidad. Los comunicados de la oficina de la Alta Comisionada para los Derechos Humanos de la ONU, también se han sumado a los señalamientos contra el régimen de Ortega.

Ortega pasó de la impunidad total a estar en el centro de atención del sistema Interamericano, del Consejo de Derechos Humanos de la ONU y del sistema Europeo. Antes de Abril de 2018, los abusos del régimen de Daniel Ortega eran invisibles ante la comunidad internacional. Peor aún, Ortega lograba manipular con éxito los sentimientos nostálgicos hacia la Revolución Sandinista que aún están presente en muchos diplomáticos occidentales. Con excepción de la izquierda jurásica, cada vez más reducida, ni siquiera los grupos más progresistas apoyan al FSLN que en Enero de este año incluso fue expulsado de la Internacional Socialista.

Otra de las lecciones aprendidas de esta lucha cívica, ha sido el valioso papel de la comunidad de nicaragüenses en el exterior. Miles de Nicaragüenses alrededor del mundo también se auto-convocaron para ayudar a dar una respuesta humanitaria a la crisis de Nicaragua. A la vez, esa misma comunidad de compatriotas en diversos países del mundo son los que han servido como diplomáticos del movimiento Azul y Blanco para contar las verdaderas historias humanas sobre la represión en Nicaragua. Los extraordinarios avances en incidencia internacional han sido gracias a la diáspora de Nicaragüenses presentes en más de cincuenta países del mundo.

Indignación acumulada: base fundamental del movimiento auto-convocado

Parte de la narrativa oficialista es hacer ver al movimiento auto-convocado como una creación de la oposición política “de derecha” o como una oposición contra el FSLN. Sin embargo, la apuesta de la ciudadanía por la insurrección cívica de abril, fue la de pedir pacíficamente por un cambio de sistema político que diera por terminada la dictadura de Daniel Ortega y abriera una ruta hacia la democratización de Nicaragua. En su esencia, el movimiento auto-convocado o Azul y Blanco, es un movimiento por el pleno respeto a los Derecho Humanos.

La apuesta de cambio sistémico de los auto-convocados, nunca se ha limitado a pedir un cambio de partidos en el poder. Es más bien el resultado de una Indignación Acumulada de una década de abusos, injusticias y libertades cercenadas por el régimen y sus aliados. En ese sentido, abril es el punto de erupción de una proceso que llevaba varios años en ebullición, y que alvanza su culminación cuando los sectores urbanos que, con algunas excepciones, venían siendo indolentes a más de una década de graves abusos  a los derechos humanos contra comunidades rurales en Nicaragua.

A manera de doloroso ejemplo, recordamos que antes de abril de 2018, en las zonas recónditas de Nicaragua, el Estado ejecutó al menos 17 asesinatos extrajudiciales a personas que estaban vinculadas a la Resistencia Nicaragüense.

La paz sin libertad, es la paz de los sepulcros.

Una lección aprendida de la odisea Nicaragüense, es que la aparente estabilidad que muchos regímenes autoritarios dicen asegurar, es una sólo ilusión cuando hay ausencia de libertades. Tarde o temprano, esa ilusión se rompe como un espejo cuyos fragmentos se dispersan con violencia, hiriendo a los inocentes. La paz sin libertad, es la paz de los sepulcros.

Fue así que en Abril de 2018, el régimen de Daniel Ortega, que pocos meses antes era adulado como “el milagro económico de Centroamérica” gracias a la sólida alianza del gobierno con los principales grupos económicos de mi país a la antes me refería, se transformó en un monstruo que atacó las protestas ciudadanas, con la más severa violencia contra la población civil registrada en la historia de Nicaragua, en tiempos de paz.

Ninguna conferencia académica podría jamás describir con precisión el terror de ver a francotiradores de la policía nacional disparando contra civiles desarmados quienes, en el peor de los casos, se trataban de defender de con “huleras” y piedras, ante un ejército de uniformados y paramilitares que en menos de 90 días asesinaron a más de 350 civiles. Estimamos que, al día de hoy, el número de asesinados puede ser de 500 personas.

Ese fue el caso del niño Álvaro Conrado, que recibió un tiro en cuello mientras le llevaba agua a los estudiantes que protestaban en Managua el 20 de abril. Mientras gritaba “me duele respirar” sus compañeros trataban de salvarle la vida pero el régimen de Ortega ya había ordenado que los heridos de las protestas no fueran atendidos en los hospitales públicos. Franco Valdivia—otro estudiante universitario, cantante y padre de una niña—fue asesinado con un tiro de alta precisión en su ojo. En una de las canciones de Franco, nos dice “quiero que la muerte me regrese lo que la vida me ha quitado...”

Y es que a los Nicaragüenses, desde que Daniel Ortega llegó al poder, se nos quitó el derecho a elecciones libres, y a pesar de los esfuerzos por sonar la alarma, el mundo calló. El régimen de Ortega realizó decenas de asesinatos extrajudiciales contra campesinos en las montañas de Nicaragua desde el año 2007 y más bien se anunciaba que Nicaragua era el país más seguro se Centroamérica. Se ilegalizaron partidos políticos de oposición e incluso, en febrero de 2016, se expulsó del país a la misión de PNUD en Nicaragua, y el mundo seguía callado.

Las voces de pueblos indígenas y de campesinos que hace años le piden al mundo auxilio ante la pérdida de sus derechos de propiedad por la expansión de la minería a cielo abierto, por la depredación de las reservas naturales o por proyectos como el supuesto Canal Interoceánico que un grupo de China desea construir, todas esas voces, antes de abril, estaban todavía muy lejanas para muchos.

La esperanza de Abril en medio de la represión

En Abril todo cambió, pero es trágico que tuvieron que morir cientos de jóvenes como Franco y Alvaro, para poder captar la atención del mundo. Por ello, hoy vengo ante ustedes, con un gran peso en mi corazón por el respeto sagrado a esa sangre derramada, con el ánimo de que el martirio del pueblo nicaragüense sea una alarma para toda Centroamérica. ¿Cómo es posible que Nicaragua, el supuesto “milagro económico de Centroamérica”, adulado por su crecimiento económico y bajísimos índices de criminalidad, desembocara en la actual tragedia humana?

La respuesta no es sencilla pero, insisto, ningún proyecto de nación es sostenible si no está cimentado en la defensa de las libertades y en los derechos humanos. El canje de seguridad a cambio de libertades, es el equivalente a un pacto con el diablo.

Los mismos intereses corporativos de empresarios e inversionistas que celebraban el proteccionismo de Ortega hoy se suman al pánico de una economía en caída libre:

Nicaragua pasó de tener un crecimiento económico promedio de 4.5% anual a una situación actual de decrecimiento económico y recesión de menos 9% .
Más de 400 mil nicaragüenses han perdido su empleo.

Estas son otras de las lecciones aprendidas:

No es posible la paz duradera y sostenible, en ausencia de libertades.
La prosperidad incluyente requiere ir de la mano de la justicia.
Para sanar las heridas de los conflictos, es vital recuperar el derecho a la verdad, a la memoria, a la reparación, justicia y no repetición.
Todo proyecto de nación requiere de la amplia participación de todas las voces de la sociedad.
Y aunque, resulte repetitivo decirlo es necesario insistirlo: los extremos ideológicos son perjudiciales para las sociedades que aspiran a una transición democrática. En ese sentido, el centrismo político ofrece las mejores oportunidades para la construcción de una sociedad libre y abierta.

En medio de esas lecciones aprendidas, aún queda muchísimo por hacer. El régimen de Daniel Ortega, ha impuesto un estado policial en Nicaragua; bajo el actual sistema electoral no hay posibilidades de elecciones libres a menos de que se logre una profunda reforma electoral y una amplia y vinculante participación de organismos internacionales como la OEA y la Unión Europea, como observadores electorales.

En poco más de un año han salido de mi país, más de 100 mil nicaragüenses exiliados, la mayoría de ellos por persecución política. Además, han pasado por las cárceles más de dos mil presos políticos de los cuales aún están en condición de arresto arbitrario más de 120 personas.

Confieso que nadie está preparado emocionalmente para poder tomar el testimonio de muchos de los ciudadanos que han sido apresados y torturados por el régimen sin que esa experiencia nos marque de por vida. Tampoco es posible salir con el alma ilesa después de ver con nuestros propios ojos el cuerpo de jóvenes mutilados por la tortura, o ver tanta carne rota por balas disparadas por una tiranía. 

Es mi convicción de que es posible salir de la tiranía a través de la resistencia civil y la no violencia. Sin embargo, para que esa semilla sea un fruto de libertad, es urgente que sea irrigada con la presión ciudadana interna sumada a la acción internacional que impida que los crímenes de lesa humanidad queden en el olvido.

Así como no hay futuro sin memoria, no es posible cultivar la libertad sin la luz que sólo emana de la justicia.

--
Ciudad de Guatemala, 25 de Agosto de 2019

*Dedico esta exposición a las víctimas de la represión del régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo, con la esperanza de que la nación nicaragüense podrá tener derecho a la verdad, la memoria, la justicia y la no repetición.

viernes, 30 de agosto de 2019

El Enfoque y la Confianza en la Causa, son armas fundamentales de la lucha no-violenta.

Uno de los retos grandes de toda batalla moral, ética y hasta espiritual por la transformación positiva de la sociedad, es la de mantener la consciencia enfocada en el Cambio que anhelamos, y no dejar que ésta se nuble por otros sentimientos que distraen.

El Enfoque y la Confianza en la Causa, son armas fundamentales de la lucha no-violenta.

Nuestra lucha cívica exige enfoque y concentración, y en ese proceso urge dejar atrás los egos y el énfasis excesivo en las diferencias dispersas que nos desunen. Son más los vigores nos unen. Nuestra esperanza en la Nueva Nicaragua debe ser más grande que todos los obstáculos en el camino.

Todo sentimiento humano de dudas, de cuestionamientos, de frustración, es natural. No obstante, parte importante de la nueva consciencia cívica implica abrazar con franqueza esos sentimientos. En esta nueva Nación que estamos construyendo, no existen iluminados. No hay cheques en blanco para nadie. Y hasta debemos darnos permiso de llorar. Pero esos sentimientos de sano cuestionamiento, no deben confundirse con una debilidad.

¿Cómo no sentir enojo frente a tanto abuso del poder frente a los más vulnerables? ¿Cómo no sentir que nos hierve la sangre cuando vemos la persecución, la violencia, y acoso de los acólitos del régimen de Ortega contra una población indefensa? Esa indignación es la que nos lanzó a las calles en Abril.

El enojo es un sentimiento humano y natural, como también es la angustia o la tristeza. Lo esencial es convertir esas emociones en indignación y fuerza que sea combustible para seguir luchando incansablemente por la libertad que merecen nuestros hijos e hijas. Es transcendental saber experimentar esos sentimientos humanos a la vez de no dejarnos atrapar jamás por el pesimismo.

La Verdad y la Justicia, están de nuestro lado. ¡La consciencia de la nación Nicaragüense ya despertó, y la tiranía lo sabe!

Puedo imaginar el miedo que tienen los dictadores usurpadores de la nación. Los imagino como el Faraón o como Jezabel, queriendo fingir fuerzas que no tienen.

Ahora nos corresponde a nosotros—la ciudadanía Azul y Blanco, autoconvocada—convencernos de una realidad que es innegable:

No hay retroceso en el Camino hacia un nuevo país.

Sigamos caminando sin distraernos!

jueves, 15 de agosto de 2019

¿Relaciones con Irán? Ese es un cuento viejo.



El régimen de Ortega, en la desesperación por vencer su aislamiento internacional, recurre a un viejo intento de su política exterior, como ya lo había ensayado sin éxito hace casi diez años, es decir, consolidar una alianza con la República Islámica de Irán. En el primer intento fallido de convertir a Irán en el gran padrino del proyecto de Daniel Ortega, los supuestos miles de millones de dólares de ayuda iraní, nunca llegaron. Así lo demostramos en un libro breve que escribimos en el IEEPP en Agosto de 2008 bajo el título “Relaciones de Nicaragua con Venezuela e Irán: Hechos y Tendencias”.

En ese librito, escrito por Javier Meléndez, Eduardo Marenco y yo, hace ya 11 años, decíamos que la ayuda de Venezuela no era sostenible, como en efecto así sucedió. También evaluamos la promesa de más de mil millones de dólares de inversiones de Irán que fueron prometidos ese año, y que acertadamente dijimos que no se cumpliría.

En un segundo libro publicado en inglés por el Woodrow Wilson Center for International Scholars, que es un centro de investigación asociado al Congreso de Estados Unidos, llegamos a las mismas conclusiones. Ese segundo libro ese una colaboración con varios autores, hay un capítulo sobre Nicaragua que les puede interesar.

En los siguientes enlaces dejo ambas publicaciones, que escribimos hace varios años, pero que aún tienen validez, y que demuestran los desaciertos de la política exterior del FSLN con relación a Irán y Venezuela; relaciones que tiene poca astucia geopolítica al ser motivadas esencialmente por un empecinamiento ideológico del FSLN.