martes, 30 de enero de 2018

En memoria al maestro Gene Sharp: La No-Violencia es la única vía de largo plazo.

Me llegó una interesante pregunta de Josué Cox, un brillante joven nicaragüense que ejerce la docencia en una universidad en la ciudad de Bogotá, Colombia. A propósito de mi interés e insistencia en la no-violencia como estrategia de cambio social, pregunta Josué (y cito):

Las ideas de la no violencia alguna vez fueron mi pasión durante años en la universidad, quizás el desgaste intelectual y la ausencia de resultados tangibles; más el cansancio y no la pereza intelectual, me alejaron de esta idea que al parecer no logra resultados tangibles en el contexto actual, y de dar resultados, como muestra la historia, ha sido a veces por un costo muy alto. ¿Cómo funcionaría la no violencia en contextos en los cuales ni siquiera el diálogo es posible. Mal que bien, y desde sus contextos contrarios, Gandhi y luego Martin Luther King, Jr., lograron ser escuchados mediante el debate y la protesta, tenían metas claras y puntos que no eran negociables en sus propuestas y que sin embargo fueron escuchadas. ¿Qué evidencias existen de los resultados que puede dar la no violencia en un país como el nuestro?"

Aquí mi respuesta a las preguntas de Josué

Tus preguntas son demasiado complejas para respuestas cortas o fáciles. Ninguna estrategia política es una panacea. Hay estrategias que funcionan mejor en unos contextos sociales e históricos, mientras que otras estrategias que pueden ser intelectualmente interesantes, fracasan abiertamente.  La historia es un escenario de prueba y error. Hay países que no aprenden y siguen cometiendo errores. 

Bajo ese enfoque de las lecciones de la historia, en el caso de Nicaragua parece ser claro que la violencia no ha funcionado. Veamos sólo unos pocos ejemplos de los más de 80 episodios de violencia política documentados desde 1838: la Revolución Liberal de 1893 (que fue bien violenta) puso al General Jose S. Zelaya en el poder quien poco después se declaró dictador; luego, la deposición militar de Zelaya trajo otra guerra y en menos de 20 años teníamos otra violenta dictadura.  La Revolución de 1979 impuso un régimen violento y así sucesivamente hasta llegar al contexto actual bajo el régimen de la familia Ortega-Murillo. En resumen, es claro que en Nicaragua la violencia sólo nos ha llevado al eventual surgimiento de nuevos caudillos. Es un ciclo perverso que se debe romper.

Por otro lado, ¿qué nos dice la ciencia política sobre la efectividad de la no-violencia como estrategia de cambio político? Te doy un ejemplo (de muchos otros): Un estudio académico de Erica Chenoweth y Maria J Stephan analizó 323 casos de lucha “no violenta” desde 1900 hasta 2006 en varias partes del mundo. Chenoweth y Stephan demuestran que la resistencia civil (no violenta), en el largo plazo funciona mejor que la resistencia armada. 

La no violencia es capaz de movilizar a grandes sectores de la población contra un régimen autoritario, de socavar el apoyo del régimen e incluso de asegurar deserciones significativas dentro de la élite. El apoyo más amplio obtenido por los movimientos no violentos generalmente aumenta los costos para los regímenes de resistencia al cambio, y es mucho más probable que la represión contra los movimientos no violentos sea contraproducente. Pero si tales movimientos no alcanzan la amplitud suficiente, pueden no alcanzar sus objetivos.

El asunto no es tan sencillo. La resistencia armada puede funcionar si tiene más éxito en la movilización del apoyo popular. Autores como Statys Kalyvas también han estudiado los casos que justifican la "racionalidad" de las guerras civiles. Vemos pues que el "éxito" de las armas a menudo conlleva un costo adicional después del cambio ya que los movimientos armados son mucho menos propensos que los no violentos a conducir al establecimiento de un régimen democrático, como ampliamente demuestra el caso Nicaragüense. Es así que el estudio de Chenoweth y Stephan que refería antes concluye que, al comparar las campañas violentas y las no violentas en los mismos contextos nacionales, la no violencia tiene más probabilidad de éxito (pero toma más tiempo). Muchos estudios similares parecen respaldar esas tesis. 

En conclusión, es la falta de paciencia la que lleva a los pueblos a creer que las armas pueden resolver definitivamente las dictaduras. No es así. Las dictaduras, de hecho, anhelan a que sus opositores se "radicalicen", porque de esa forma se les hace más fácil justificar la represión. Por otro lado, cuando los opositores logran ganar terreno en el campo de las ideas, de la comunicación masiva, de las conciencias de las mayorías, es cuando empiezan a ver su final.


La seguridad en Nicaragua no es un mérito exclusivo del trabajo policial

Un estimado amigo ha hecho preguntas muy interesantes sobre los índices de seguridad en Nicaragua. Por ejemplo, ha preguntado a) ¿porqué a pesar del “irrisorio” presupuesto de la Policía Nacional de Nicaragua, tenemos mejores índices de seguridad que el vecino país de Honduras? [las comillas en la palabra “irrisorio” son mías] ¿Qué tanto tiene que ver la policía en nuestros índices de seguridad?

Prometo elaborar una respuesta más acuciosa porque en efecto es un tema interesante, pocas veces abordado. Mientras tanto, comparto en este blog las respuestas rápidas que envié en ese diálogo.

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a) El presupuesto policial de Nicaragua no es del todo irrisorio si lo medís en función del tamaño de nuestra economía. De hecho, ha venido aumentando: En el 2018 ese presupuesto es de ocho mil 653 millones de córdobas; es decir, casi el casi el diez por ciento del gasto total del presupuesto general de la República. 

b) Nuestros niveles de seguridad (medidos por números de homicidios por cada 100 mil habitantes) efectivamente son los más bajos de la región. Por su parte, Honduras presenta uno de los índices homicidios más altos, casi duplicando las cifras de Venezuela que es uno de los países del mundo con más homicidios intencionales en proporción al tamaño de su población. La comparación con Honduras es efectivamente abismal.

c) Los índices de otras formas de violencia en Nicaragua (es decir, exceptuando los homicidios) colocan a Nicaragua es una posición poco optimista. Por ejemplo, tenemos índices altos de abuso a menores de edad, índices entre los más altos del continente en tasas de embarazo a niñas (léase violación), y en casos de violencia hacia grupos vulnerables (casos de las comunidades Miskitas o Mayagnas en las reservas forestales, solo para citar un caso). Dicho de otra forma, nuestros escenarios de violencia, si bien son menores a nuestros pares de la región son muy altos en cuanto a otras formas de violencia.

c) ¿Se puede decir que la falta de maras (pandillas) es gracias a la policía? Es muy difícil atribuir la ausencia de las maras como un éxito policial. El tema está ampliamente estudiado y las principales conclusiones apuntan a los patrones de migración y deportación masiva que sufrieron Honduras, Guatemala y El Salvador, y que Nicaragua jamás vivió ya que (principalmente) los nicas tuvimos mayor protección migratoria en EEUU durante los años 80. Dicho lo anterior, el modelo de policía comunitaria en Nicaragua es loable pero no es la razón principal de la ausencia de maras. Como explicaré con más detalle en otro momento, Nicaragua tiene una serie de factores de convivencia comunitaria, así como aspectos geográficos e históricos que explican mejor nuestra tasas relativamente bajas de homicidios intencionales.


En conclusión, en el caso de Nicaragua, el país fue afortunado en el sentido en que su población migrante no fue expuesta a las mismas situaciones de riesgo que sí tuvieron que enfrentar sus pares centroamericanos. Naturalmente, existen otros factores que han permitido que Nicaragua tenga índices de violencia considerablemente menores a los de sus países vecinos en el norte. Entre estos factores, la eficiencia de la Policía de Nicaragua y su método de trabajo preventivo es el que parece ser reconocido con más frecuencia, casi como una panacea, por la sabiduría convencional. El mérito de la policía no es menor y ciertamente es admirable, no obstante, a la luz de un análisis más integral parece recibir un peso exagerado en la explicación de la situación actual de Nicaragua.

miércoles, 17 de enero de 2018

"No es el odio el que nos hará salir de la dictadura"

Un amigo originario de Matagalpa, residente desde hace décadas en Estados Unidos, me ha enviado un mensaje en donde me acusa de filósofo y de “nunca jamás haber condenado a los sandinistas”. ¿Será cierto lo que él dice? Aprovecho el mensaje de ese amigo, para exponer mis ideas sobre el tema del respeto y la tolerancia en la política, especialmente en Nicaragua.

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Amigo:

Con frecuencia recibo ofensas de odio y hasta amenazas de muerte de personas que no entienden mi inquebrantable compromiso con una democracia en donde podamos alcanzar todas las personas nicaragüenses; sin distingo de credos o ideologías. Lo de ser señalado de filósofo, es lo de menos. Pero leer tus palabras (que vienen de alguien a quien tengo en estima), sí es incómodo. No espero que estemos de acuerdo en todo (por ejemplo, en tu apoyo a ultranza al Presidente Donald Trump y a sus políticas), pero sí espero que al final de esta larga carta podamos encontrar coincidencias. He decidido responderte con un nivel de detalle que no acostumbro, pero tus señalamientos me dan la oportunidad de exponer mejor el porqué mi insistencia en el lenguaje respetuoso como parte de todo proceso de cambio.

Me haces dos acusaciones. Decís: 1) Nunca jamás han condenado a los sandinistas y 2) “Has danzado con todas las damas del salón”.

Hablemos sobre la veracidad de tu primer señalamiento:

Como supongo has podido leer aquí mismo en Facebook, hay muchos Sandinistas que usualmente me acusan de ser “agente de los gringos”. Por otro lado, hay gente que se quedó atrapada en la guerra fría y me acusa de izquierdista, como si los temas de justicia social son exclusivos de la izquierda. La verdad es que nunca hago nada esperando agradarle a las mayorías, pues a mis 41 años he podido entender que ninguna persona simplemente por tener una ideología o creencia religiosa específica tiene el monopolio absoluto de la sabiduría. Se trata de actuar convencidos de que no somos dueños de la verdad, pero a la vez con la integridad de defender nuestros principios. Sucede que para mí, el principio de la dignidad de todas las personas es el de mayor importancia. Ese es un principio más importante que mis creencias o que mi propia interpretación de la historia.

De ahí que la tolerancia es esencial, pues sólo en un entorno de respeto a las libertades individuales es donde podremos salvaguardar la dignidad de las personas y salir de la pobreza material y espiritual que por siglos nos ha dominado. Sostengo que nuestro fracaso como sociedad es el resultado de grupos que han querido imponer sobre otros, sus intereses, sus creencias y sus ambiciones. Somos una nación que aún no ha logrado definir consensos sobre qué es el bien común. ¡A eso me refiero! ¡No es filosofía!

Ser tolerante no quiere decir dejar de tener “valor” de señalar el mal. De hecho, la supuesta “valentía” de señalar con el dedo, juzgar y acusar a los demás, es  el más fácil de los  arrojos. Coraje es más bien vivir una vida consagrada a la construcción de sociedades justas aún medio de la adversidad y en medio de muchas personas que incluso nos incomoden. Trabajar por el bien común usando el testimonio de vida como ejemplo más que las palabras. ¡Ese es el reto, mi estimado amigo! Ya lo dijo Jesús: “43 Oísteis que fue dicho: Amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo. 44 Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen...46 Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa tendréis? ¿No hacen también lo mismo los publicanos?” (Lc. 6.27-36)

Dicho de otra forma, ¿De qué me sirve predicarle sólo a los que piensan como nosotros?¿Qué mérito hay en sólo defender los derechos que me convienen pero no los derechos de mi prójimo?

La valentía, pues, no es gritarles, como sugerís, “ladrones y asesinos” a los Sandinistas desde la tarima de las redes sociales o a 4000 kilómetros de distancia. Procuramos más bien convencer a quienes podamos, de que en Nicaragua alcanzamos todos. Que es posible convivir en un país donde no tengamos que ir a la guerra otra vez por nuestras diferencias. Se trata de que, en vez de que más nicaragüenses sigan emigrando a otros países, como lo tuviste que hacer vos, sientan que en esta tierra es posible alcanzar su potencial sin tener que guardar silencio por sus ideas. Nada de eso tenemos hoy.

Me resulta interesante que me digas que “nunca he condenado a los Sandinistas”. Es curioso porque si me conocieras mejor sabrías que más bien he venido moldeando mi anterior agresividad verbal que era resultado de fuertes resentimientos hacia la Revolución Sandinista. ¿Sabes vos lo que es ser un “mojado” que llega de niño indocumentado a EEUU, sin su familia, escapando de un país en guerra civil? Yo viví eso, llegar a un país extraño como refugiado, a los 12 años de edad aunque pude regresar a Nicaragua luego de 1990. También presencié como uniformados del temido MICOIN expropiaron los bienes de mi mamá en Jinotega; como el Servicio Militar reclutó por la fuerza a muchos de mis primos y amigos de infancia, algunos de los cuales no lograron sobrevivir la guerra; se lo que es vivir con “foster parents” en EEUU, etc. Mi historia no es nada extraordinaria. De hecho es bien común, miles de jóvenes nicaragüenses vivieron cosas aún peores.

Esos sentimientos de odio hacia la Revolución que yo sentía, hicieron que durante gran parte de mi juventud, mi acción política hacia los Sandinistas fuera de cierto “fanatismo”. Abundan artículos, discursos y recuerdos de la persona impetuosa que fui en mi condena frontal contra el FSLN. Al madurar espiritualmente (proceso que sigue incompleto y es una tarea diaria...) poco a poco he sanado ese odio que me hacía gritarle en la cara con indignación a cualquier dirigente del FSLN aún peores palabras que las que vos has señalado. [Mis amigos de la universidad en San Marcos, Carazo, podrán recordar mis intervenciones públicas en las visitas al campus que hicieron gente como Sergio Ramírez, Bayardo Arce, Humberto Ortega, Joaquín Cuadra, etc. y las cosas que le dije en sus caras en tiempos en que no había redes sociales]. Como dirigente universitario fui igualmente agresivo en mis discursos y años más tarde, durante mi servicio público, en más de una ocasión tuve que escapar de las balas por mis ideas. ¿Me siento orgulloso de eso? Digamos que hoy lo veo como el ímpetu de mi juventud rebelde. Hoy mi misión como un ciudadano privado no es simplemente “condenar”, como decís vos, es algo mucho más difícil: se trata de aportar a una nueva cultura política legítimamente democrática y justa. Al no ser ni político, ni funcionario público, ni dirigente, sólo me queda dar mi grano de arena desde cada acción cotidiana que realizo. Me corresponde la ardua tarea de cultivar democracia en mi hogar, en mi matrimonio, en mi trabajo...

¡Y claro que muchas veces me dan ganas de volverle a tirar huevos en la cabeza a algunos individuos! Luego pienso en la gente que en Nicaragua no tiene ni para comprar una cajilla de huevos, así que mejor me armo de las palabras como municiones.

El actuar con tolerancia, aún en el uso del lenguaje, es una tarea a veces incomprendida porque los gritos y las condenas son actos visibles y llenos de emociones que dan un espectáculo visible como los que hacían Enrique Quiñonez en su programa “Fuego Cruzado” y Wilfredo Navarro. Hay gente a la que le encanta ver ese espectáculo. Me decía otro amigo que vive en el exterior: “Me encanta leer los post de fulanito, porque le dice barbaridades a tales personas...” Los políticos bocones de acá saben que hay un público, como en los tiempos de Nerón, que les encanta el circo de los insultos mediáticos. Las redes sociales sirven ese propósito de rebajar la política al espectáculo simplista y hasta a las malas palabras e insultos como forma de comunicación.

¿Se acuerdan de Byron Jerez? Ese método del político bocón no es nuevo. Recuerdo también a Arnoldo Alemán insultando a Daniel Ortega por la TV. Así ganó un espacio en la política y hasta yo mismo fui uno de los que votó por él. Poco después vimos al Dr. Alemán acordando un pacto con Ortega. También hay ejemplos de Daniel, condenando públicamente el capitalismo y luego convirtiendo a la familia Ortega-Murillo en el pináculo del capitalismo entre amigos en Nicaragua. Hoy más bien sospecho de los que quieren hacer política con sus discursos de condena, de insulto. De esos “valientes” (entre comillas) están hechos los partidos zancudos.

Dicho lo anterior, claro que hay dentro del FSLN muchos asesinos y ladrones. Todos los conocemos. Son públicos sus nombres y todos aquí sabemos quienes tienen las manos manchadas de sangre. Sobre eso ya he escrito antes y fácilmente podrás buscar en google numerosos ejemplos de mis posicionamientos. En los últimos años más bien me he enfocado en hacer una denuncia basada en evidencia y respaldada por trabajos más técnicos de lucha contra la corrupción; aspectos de derechos humanos y de políticas públicas de las que nadie quiere hablar. La nueva batalla es el campo de las ideas. Es urgente lograr que cada persona entienda que la democracia no es una teoría y que no tenemos que vivir en dictadura para tener crecimiento económico o para superar los retos sociales del país. El populismo, de izquierda o de derecha, es una receta peligrosa que sólo funciona cuando se usa el miedo y el odio como forma de movilización ciudadana.

También conozco que gente que se apartó del FSLN y con quienes puedo tener diferencias de opiniones, pero son nicaragüenses que comparten mis mismos sueños de un país en legítima democracia. Tengo claro que de esta dictadura sólo podremos salir sin logramos unir vigores dispersos entre los que amamos a Nicaragua aún en medio de nuestra diversidad. La salida no está en el MRS, ni en los liberales, ni conservadores, cristianos o católicos, Pacífico o Caribe, etc. La salida está en poder lograr consensos básicos sobre un modelo de democracia republicana que sea moderna y logre despegarse del atraso que nos llevado a estar entre los países más pobres del hemisferio. La salida no es el odio; está en la idea ligada a la acción.

La salida tampoco está en los fantasmas del pasado. En un país donde hay un pasado con tantos culpables, ninguna ideología se escaparía al juicio de la historia. En ese sentido, tampoco se nos puede olvidar que la Guardia de Somoza mató y torturó a civiles inocentes también (entre ellos a mi papá, que sufrió encarcelamiento en los 70 siendo un estudiante y ciudadano civil). Conozco en carne propia la expropiación y el exilio y más recientemente se lo que es terminar en un hospital por una golpiza de la policía durante las marchas que organizamos en el Movimiento por Nicaragua (al cual he pertenecido orgullosamente por 14 años). ¿Pero de qué me sirve construir un proyecto de vida basado en el odio y la condena?  Al menos aquí en Nicaragua eso no ha funcionado.

Sobre tu segunda acusación de que “he danzado con todas las damas del salón”, eso es bien fácil de responder, porque es sencillamente falso. Hubiera querido bailar en mis años de soltería con varias damas en el salón pero desde chavalo tuve poco tiempo para el baile. En mis años de estudiante de secundaria ingresé al Partido Liberal (PLC) del cual me retiré hace 18 años cuando el Dr. Alemán formalizó un pacto con Daniel. Serví en el gobierno de don Enrique Bolaños, en un cargo técnico como Secretario General del Ministerio de Defensa. Nunca más volví a registrarme en un partido político (pero no pierdo la esperanza de encontrar, algún día, un partido al que pueda apoyar). Luego de mi salida del PLC empecé mi activismo contra el pacto Ortega-Alemán, dando mi tiempo voluntario como parte del Movimiento por Nicaragua. Es desde la sociedad civil, aquí en Nicaragua, al lado de la gente, a pesar de insultos, críticas y amenazas a mí y a mi familia, donde he descubierto que la esencia de la valentía no son las palabras, son los hechos. Así que notarás que no he tenido demasiado tiempo para bailar.

Si acaso lograste llegar hasta aquí en la lectura de esta larga respuesta, aprovecho para invitarte a un café en tu natal Matagalpa, la próxima vez que estés en Nicaragua.

lunes, 27 de noviembre de 2017

¿Cómo entender el doble rasero de la reelección presidencial en Honduras?

Hace poco un amigo periodista me preguntaba porqué hubo tanto rechazo al intento reeleccionista de Manuel Zelaya en Honduras en contraste al mismo propósito del presidente Juan Orlando Hernández el año pasado. Hay un dicho popular que dice “Lo que es bueno para el ganso, que lo sea para la gansa”. No obstante, cuando al espinoso tema de la reelección se refiere, esa máxima parece no aplicarse en Honduras ya que existe un doble rasero entre la iniciativa reeleccionista del presidente Juan Orlando Hernández en el año 2016 y el fallido intento del ex presidente Manuel Zelaya el 28 de junio de 2009.

Es importante enfatizar que—desde la perspectiva de la ciencia política—la reelección consecutiva no necesariamente es algo negativo para el funcionamiento de la democracia. De hecho, el consenso de los estudiosos de la democracia es que la reelección en el poder ejecutivo por un único periodo consecutivo se puede convertir en un fuerte incentivo para gobiernos responsables. Por otro lado, el impulso reeleccionista en América Latina está asociado al incremento de la conflictividad política, razón por la cual la mayoría de las constituciones en el hemisferio establecieron límites a los periodos presidenciales. No obstante, los intentos de desmontar esos límites aparecieron casi al mismo tiempo que las mismas prohibiciones constitucionales a la reelección. Por ejemplo, en la última década, países como Venezuela, Colombia, Bolivia, Ecuador y Nicaragua, Perú, República Dominicana, han protagonizado intentos reeleccionistas de variadas formas.

La táctica de reforma más exitosa para desmontar los candados a la reelección, parece ser la reinterpretación de las constituciones, como una forma de abrir las puertas a la reelección como ha sido el caso de Perú bajo Alberto Fujimori, Venezuela bajo Hugo Chávez, Nicaragua bajo Daniel Ortega y Honduras bajo Juan Orlando Hernández. Como veremos, esa táctica a su vez requiere tener una suerte de alineación ideológica entre el mandatario de turno que busca la reelección y las fuerzas armadas. El complemento de la fórmula reeleccionista es contar con un alto índice de aprobación por el desempeño gubernamental como un requisito para que las instituciones y buena parte de los electores pongan a un lado los principios constitucionales de la “no reelección” a cambio de un gobierno de resultados.  

El caso Hondureño es verdaderamente emblemático ya que pocos años antes el país sufrió una crisis constitucional que dividió al país en torno al tema de la reelección. Al momento de escribir este artículo, los resultados de las elecciones presidenciales en Honduras aún son inciertos. El candidato opositor de izquierda, Salvador Nasralla, parece ser el ganador por encima del presidente Juan Orlando Hernández, según los resultados preliminares del Tribunal Supremo Electoral (TSE). De ser así, el voto favorable a Nasralla puede ser interpretado como un voto contra la reelección del actual presidente Hernández, quien a pasar de ser evaluado favorablemente en su gestión, ha despertado muchas incomodidades por su estilo autoritario y por sumarse a la ola reeleccionista en América Latina.

Como sabemos, en junio de 2009 Honduras vivió una crisis constitucional cuando la fuerzas armadas de ese país centroamericano—obedeciendo órdenes de la Corte Suprema de Justicia—expulsaron del poder al entonces Presidente Manuel Zelaya y lo llevaron al exilio. Días después, el Congreso decretó un estado de sitio y suspendió algunas garantías constitucionales, disparando una de las mayores crisis políticas de Centroamérica en la última década. Además de la condena internacional a lo que fue considerado un “golpe de estado”, los organismos internacionales como el Banco Interamericano de Desarrollo y el Banco Mundial, suspendieron por un tiempo la ayuda financiera a Honduras.

A pesar de las presiones internacionales, parece ser que la mayoría del pueblo Hondureño rechazó el intento reeleccionista de Manuel Zelaya. Incluso su mismo partido—el Partido Liberal de Honduras—se puso al frente de ese amplio rechazo, en alianza con el Partido Nacional. Las protestas sociales a favor de Zelaya se mantuvieron por varios meses y significaron un alto costo social, humano y económico para Honduras. Con el respaldo de todos los poderes del Estado, Roberto Micheletti, presidente del Congreso Nacional de Honduras asumió como Presidente del país hasta la toma de posesión de Porfirio Lobo en enero de 2010.

No obstante, con llegada al Juan Orlando Hernández se destapó el ánimo reeleccionista, que a diferencia del fallido intento de Zelaya, sí logró prosperar. ¿Cuáles son las principales diferencias entre ambos intentos? A mi juicio, se pueden señalar las siguientes:

1) A diferencia del ex presidente Zelaya, el presidente Hernández se valió de una “técnica” jurídicamente más viable para la búsqueda de la reelección. Mientras el ex presidente usó un proceso de “consulta” al completo margen de la ley—además con la injerencia de Venezuela—el presidente Hernández recurrió a una fórmula similar a la antes usada por Daniel Ortega en Nicaragua. Fue así que recurrió a la  Corte Suprema de Justicia para argumentar la inconstitucionalidad del artículo 374. La Corte, como sabemos, falló favorablemente.

2) Objetivamente hablando, el presidente Hernández contaba con una correlación de fuerzas mucho más favorable que el ex presidente Zelaya. Antes de procurar su reelección se aseguró el respaldo de los militares mientras Zelaya más bien se emproblemó con los uniformados.

3) El presidente Hernández tenía además el apoyo amplio de su partido, algo que marca otra gran diferencia con el intento del ex presidente Zelaya. Recordemos que el mismo Partido Liberal se opuso a la reelección lo que luego generó una división de ese partido.

4) Contexto político: El ex presidente Zelaya buscó la reelección en un contexto de baja aceptación popular. Por su parte, el presidente Juan Orlando Hernández esperó estar muy bien posicionado en la aceptación popular cuando lanzó su iniciativa de reelección. No sólo se aseguró de forma previa el respaldo unánime de su partido, sino que además de un buen porcentaje de la población: 57% según CID Gallup en el momento en que hizo pública su intención de re-elegirse.

No hay que olvidar que la reelección, desde que fue instituida en 1982, sigue dividiendo al pueblo Hondureño. Gran parte del apoyo a Nasralla parece venir de un impulso popular contra la reelección a pesar del apoyo a la gestión del presidente Hernández. Según Gallup, 49% de los hondureños rechaza la reelección. Finalmente, no se puede negar que hay tema ideológico de fondo: el intento reeleccionista del ex presidente Zelaya, además de burdo e inconstitucional, fue percibido como una movida política de la izquierda vinculada al proyecto “Bolivariano” de Hugo Chávez. Paradójicamente, el presidente Hernández se ha pronunciado admirador del modelo político del presidente (inconstitucional) de Nicaragua Daniel Ortega a la vez que tiene un buen respaldo de las fuerzas armadas de Honduras, confirmando el hecho de que lo que es bueno para el ganso, no siempre lo es para la gansa.


domingo, 22 de octubre de 2017

¿Qué podemos aprender de las denuncias públicas de abuso sexual contra personajes famosos e influyentes?

El abuso sexual y acoso a mujeres, niñas y niños continúa siendo un problema de dimensiones epidémicas en Centroamérica. A pesar de pequeños pasos para romper el silencio, la sociedad sigue siendo mayoritariamente (es decir, con excepciones), cómplice de una patología social que es casi normalizada dentro de las familias, las empresas, las iglesias, la política, etc.

¿Cómo se puede cambiar esa cultura de abuso y complicidad? No tengo una respuesta precisa, pero sospecho que ayudaría mucho que abusadores en posiciones de poder empiecen a ser expuestos públicamente, como de hecho está pasando en otras sociedades que sí se han tomado en serio el abuso y el acoso como delitos que merecen ser abordados con toda la seriedad. Por ejemplo, recientemente ha surgido en EEUU una ola de denuncias contra tipos de una gran estatura pública como Harvey Weinstein—poderoso ícono de la producción en Hollywood—Bill Cosby, Roger Ailes, Bill O’Reilly e incluso (sin éxito), el mismísimo presidente Donald Trump.

Ciertamente el abuso sexual pasa en todos los estratos sociales y hasta en las "mejores familias" (entre comillas), pero la práctica común en las sociedades latinoamericanas ha sido el de callar las voces de las víctimas que, ante el temor de la re-victimización, casi siempre optaban por el silencio. La denuncia es sólo uno de los recursos entre otras medidas de las cuales se debe hacer uso. Pero no basta con que esas denuncias públicas se limiten a casos de bajo perfil, creando la falsa ilusión de que el abuso no es cometido por personajes “notables”, “poderosos”, e “influyentes”. Paradójicamente aquellos con altas cuotas de poder tienen mayores incentivos a usar ese poder como mecanismo de abuso, pero también como mecanismo de intimidación y encubrimiento.

Necesitamos que se hable del abuso, que se exponga y se sancione y no únicamente como casos que sólo suceden (supuestamente) en comunidades pobres y lejanas, sino en todos los ámbitos de la sociedad. La cultura de la complicidad debe erradicarse, porque es el factor que más complica la prevención de los abusos que a diario ocurren a puertas cerradas, aún entre las “mejores familias".

miércoles, 27 de septiembre de 2017

La promoción de la transparencia en la información pública: una acción ciudadana revolucionaria y transformadora*

Me llena de mucha satisfacción darles la bienvenida a este “Encuentro de Observatorios de Derechos Humanos y Prevención de la Violencia.” Uno de los aspectos esenciales de la razón de ser del IEEPP ha sido la promoción de la transparencia de la información pública. Más que un centro de investigación, desde su origen IEEPP se ha definido como una organización promotora de la acción ciudadana para la construcción de una mejor sociedad, usando como sus principales herramientas, el conocimiento, los datos, y las evidencias recolectadas sobre realidades observables en los asuntos públicos, pero que por diversas razones no siempre resultan obvias para la opinión pública o para los tomadores de decisión.

Basados en ese enfoque, nuestros procesos de investigación siempre van de la mano de acciones orientadas a que los hallazgos de dichos procesos sean diseminados en formatos que hagan que la información sea accesible de la manera más amplia posible.

Bajo esa filosofía, cimentada en el convencimiento de que la democracia real sólo es posible con una ciudadanía informada, hemos desarrollado por varios años dos observatorios: el de violencias de Nicaragua que es una herramienta virtual que recolecta, clasifica, analiza y genera datos e información sobre diferentes tipos de violencia en el país y el Observatorio “Nuestro Presupuesto” que es un espacio virtual que ofrece información sobre el Presupuesto General de la República de Nicaragua. En ese observatorio, reconocido internacionalmente como uno de los mejores en el continente en lo referido a datos sobre presupuestos públicos, se encuentra información sobre: gastos, ingresos, inversiones y contrataciones públicas nacionales y municipales del año en curso y de anteriores.

En base a la experiencia del IEEPP, encontramos que el desarrollo de observatorios sobre temas estratégicos para el país, resulta ser no sólo un proceso potente de transparencia e información pública, sino también un mecanismo de gran utilidad para facilitar el trabajo de incidencia ciudadana que realizan activistas locales, o el valioso y cada vez más difícil trabajo de búsqueda de información que llevan a cabo los y las periodistas independientes, que desde el año 2007 han debido operar bajo un sistema político de control de medios de comunicación.

Fue así que en el año 2010 iniciamos un proceso de mapeo de los observatorios disponibles en el país. En esa ocasión identificamos 11 observatorios sobre Derechos Humanos, prevención de violencia y, salud sexual y reproductiva. Posteriormente nos dimos a la tarea de unir esfuerzos en algunos casos y en otros de compartir buenas prácticas sobre estas poderosas y útiles herramientas de información pública.

Luego en Noviembre de 2014, en coordinación con la BICU, facilitamos el primer encuentro de Observatorios de DDHH y de Prevención de la Violencia, con el ánimo de conocer más a fondo las experiencias y aprendizajes de esas plataformas. Pese a la existencia de distintos observatorios en varias zonas del país, nunca antes habíamos tenido la oportunidad de reunirnos para intercambiar experiencias y aprendizajes del trabajo realizamos. Ese primer encuentro sirvió como un punto de partida para encontrar puntos de articulación que nos permitieran definir una agenda de acciones conjuntas, y desde luego, la continuidad y sostenibilidad de los encuentros.

En abril de 2015, realizamos el segundo encuentro de Observatorios donde profundizamos la necesidad de mantener este espacio de articulación, frente a un entorno político que se ha caracterizado por obstaculizar cada vez el acceso a la información pública. En esa oportunidad, el debate se concentró alrededor de la necesidad de continuar mejorando las metodologías de búsqueda y colección de información, la construcción de alianzas y la implementación de nuevos formatos digitales, así como las estrategias de divulgación para poner al servicio de los diversos públicos, la información que se produce y que cada observatorio contiene.

En el 2015 IEEPP también realizó el foro “Previniendo las violencias en Nicaragua” enfocado en conocer experiencias de prevención de Femicidios, tenencia armas, violencia hacia la niñez, y derechos humanos, que fue una experiencia de arrojó abundantes aprendizajes sobre cómo mejorar la prevención de violencias, especialmente hacia grupos históricamente vulnerables como son niñez, juventud, mujeres y pueblos indígenas. En esa ocasión también se incluyó el seguimiento al trabajo de los observatorios. No obstante, el año pasado no fue posible realizar el encuentro de observatorios y eso es algo que había quedado pendiente en nuestra agenda.

En ese sentido, me place anunciar que gracias a la Cooperación Suiza en América Central, hemos logrado retomar los encuentros de Observatorios y además le daremos continuidad con un segundo encuentro en Octubre de este año. Agradecemos a COSUDE por su confianza y por su apuesta a fortalecer estos espacios, cuyo objetivo es intercambiar experiencias sobre el monitoreo de los derechos humanos, la seguridad humana y la violencia en cada uno de los observatorios que integran esta iniciativa. A la vez, nos proponemos a que estos encuentros sirvan para identificar ejes de acción conjunta entre los observatorios participantes.

El éxito, la continuidad y el fortalecimiento de estas plataformas estratégicas de información sólo es posible gracias al trabajo y dedicación incansable de cada uno de los observatorios presentes. Quiero agradecer de manera muy especial a la universidad Bluefields Indian and Caribbean University (BICU) por ser nuestro socio y aliado estratégico en este esfuerzo, prácticamente desde los inicios. La experiencia de BICU nos ha enseñado mucho. Hoy IEEPP ha logrado integrar los derechos de los pueblos indígenas y afro descendientes como uno de los ejes transversales en nuestras líneas de investigación. De la mano de BICU y de nuestros aliados en las regiones autónomas del Caribe Norte y Sur, no sólo hemos profundizado nuestro trabajo de investigación en esas zonas del país tradicionalmente ignoradas por las organizaciones del pacífico, sino que nos hemos apropiado de una sincero convencimiento de que no es posible ni éticamente aceptable que Nicaragua continúe actuado como un país de espaldas al Caribe.

A la vez, quiero agradecer a los observatorios que integran esta iniciativa de la Red Nacional de Observatorios por la dedicación y compromiso demostrado en el incansable trabajo por los derechos humanos y prevención de la violencia: Observatorio del Acoso Callejero (OCAC), Observatorio Voces de CEIMM-URACCAN, Observatorio sobre femicidios de la Red de Mujeres contra la Violencia, Observatorio de Alianzas de Centro, Observatorio de las Violencias del Grupo Venancias, Observatorio de la Autonomía Regional Multiétnica de URACCAN, Observatorio de derechos humanos y Autonómicos de la BICU, Observatorio de los Derechos de la Niñez y la Adolescencia de CODENI, Observatorio de Participación Ciudadana de la Red Local, Observatorio de Católicas por el Derecho a Decidir y por supuesto a los equipos técnicos de IEEPP encargados del Observatorio de las Violencias y del Observatorio “Nuestro Presupuesto”.


En todo sistema político que restringe el acceso a la información, haciendo disponible sólo aquellos datos que le son favorables, la promoción de la transparencia resulta ser un acto ciudadano revolucionario y transformador. Es gracias al trabajo de cada hombre y mujer detrás de estos observatorios, que poco a poco podemos derribar barreras de opacidad o incluso de mitos que existen con el propósito de hacernos creer que nada está mal. Es por ello que el trabajo detrás de cada uno de estas plataformas resulta ser incómodo para muchos centros de poder, que ven desmentidas sus narrativas que quieren minimizar los enormes problemas que nos indignan y sobre los cuales queremos ejercer nuestra creatividad y nuestra ciudadanía para lograr cambiar.

No se trata pues de una intención de señalar sólo lo malo o de navegar con las banderas de la protesta o del pesimismo, como algunos nos han querido señalar. Nada más falso que eso. En el caso de IEEPP—que estoy seguro también comparten las organizaciones presentes—quisiéramos tener cada vez más buenas noticias para compartir y sumarnos con sinceridad a la celebración de legítimos logros del país y de la sociedad. Pero no es cierto que una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad. No nos podemos sumar al coro de entidades aduladoras que insisten en proyectar una realidad manipulada donde el femicidio no es mayor problema, donde el abuso sexual sigue escondido bajo las sombras de silencio, donde las violaciones a los derechos humanos son escasas, y donde no existe corrupción en el uso de los recursos públicos. Los datos nos dicen otra cosa y como podremos ver durante el resto del día existen una serie de patologías sociales que urgen ser entendidas para ser erradicadas. La información es poder, y sólo entiendo con rigurosidad y objetividad esos graves problemas sociales tendremos la fuerza individual y colectiva para darles a las actuales y futuras generaciones un país mejor.

Así que si existe incomodidad por los datos crudos que desnudamos, es porque estamos haciendo las cosas bien. Cada observatorio existe con el propósito de cuestionar los déficits de derechos, de seguridad y de libertad. Los observatorio no son para complacer al establishment. Su razón de ser es darnos la información para ejercer la incidencia ciudadana informada, que nos empuje hacia el cambio social, a limitar los abusos de poder y construir sociedades más justas, seguras y libres.

Gracias nuevamente a cada una de ustedes por esa labor de incansable compromiso con la verdad, con la libertad y con los derechos humanos.

*Palabras de apertura de Félix Maradiaga, Director Ejecutivo del Instituto de Estudios Estratégicos y Políticas Públicas (IEEPP), en ocasión del “Encuentro de Observatorios de Derechos Humanos y Prevención de la Violencia 2017”
Managua, Hotel Europeo, Miércoles 27 de septiembre de 2017